El descubrimiento de la misteriosa momia que grita

En 1881 se descubrió en Egipto una momia distinta a las demás, atada, estrangulada y con la boca abierta en un terrible rictus de dolor.

En 1881, el egiptólogo alemán Émile Brugsch penetraba en la tumba DB320 en la montaña Tebana y una vez dentro de ella, descubrió allí más de cincuenta momias reales, casi todas pertenecientes a grandes faraones de las dinastías XVIII, XIX y XX, entre los que se contaban nombres tan importantes como Tutmosis III, Seti I, Ramsés II o Ramsés III.

Momia de Ramsés III. Gobernó de 1184 a.C hasta 1153 a. C.

Sin embargo, una de las momias era distinta al resto, aparte de su gesto con la boca totalmente abierta, congelada en un eterno grito silencioso de agonía, esta momia tenia sus brazos y pies estaban fuertemente atados con tiras de cuero, estaba envuelto en pieles de oveja (un animal considerado impuro) y sobre su piel se habían trazado horribles maldiciones. Además, su cuello presentaba unas marcas evidentes de estrangulamiento.

Momia encontrada con la boca abierta en un terrible rictus de dolor

Luego de varios estudios realizados, en el año 2012 se comprobó que la misma pertenecía al hijo del Faraón Ramsés III (faraón de la dinastía XX), llamado Pentaur de unos 20 a 25 años.

 Pentaur uno de los hijos de Ramsés III, involucrado en una conspiración contra su padre.

Según un documento de la época, el llamado Papiro de Turín, Ramsés III murió como consecuencia de una conspiración palaciega instigada por una de sus esposas y llevada a cabo por uno de sus hijos, un tal príncipe Pentaur. Este extremo pudo demostrarse examinando la momia del faraón, que presentaba marcas de puñaladas en todo el cuerpo y señales claras de haber sido degollado.

Más de cincuenta momias encontradas en la tumba DB320

De acuerdo al papiro, los participantes de esta conspiración fueron juzgados, condenados a muerte y sus cuerpos quemados y sus cenizas esparcidas. Pero Pentaur recibió un trato distinto, el mismo fue estrangulado y momificado de manera que nunca pudiese disfrutar del descanso eterno. Año 1153 a.C.

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